Vírgenes Medievales Hispánicas

7. Alrededores

7.4. De mitos y sobrenombres

Los sobrenombres de las imágenes y los “dicen que” de sus historias casi siempre —por no decir siempre— responden a un motivo concreto y cierto, por más olvidado que esté en el tiempo o en nuestras mentes. Los hay absolutamente directos, como el de la Virgen de Huerta, del cenobio cisterciense de Santa María de Huerta, en la provincia de Soria, que recibe el sobrenombre de “la de las Navas”, en alusión a la batalla de las Navas de Tolosa.; y basta advertir que en el monasterio está enterrado Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo y primado de España, para entender que la imagen debió de llegar con el ajuar funerario del prelado, fuertemente implicado en la promoción, organización y memoria de aquella batalla

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Algo muy semejante ocurre con la Virgen del Tovar, en Meneses de Cerrato, Palencia, que también lleva el sobrenombre de “la de las Navas”. El vínculo procede de que se trata de una imagen relacionada con el obispo Tello Téllez, obispo de Palencia en el siglo XIII y originario de esa localidad, que también participó en la histórica batalla de las Navas de Tolosa

Y es precisamente de esta imagen sobre la que podemos elucubrar un ejemplo de que las informaciones añadidas que puedes escuchar cuando te hablan de las imágenes pueden y suelen provenir de aspectos ciertos que quizá hemos olvidado.

La imagen de la v. del Tobar es una imagen pequeña, de las que llaman “de montar” por tratarse de tallas que se llevaban en la grupa en los viajes a caballo. De esa imagen se dice, como un añadido aparentemente menor que “proviene de Burgos”. ¿Por qué recordar un dato en apariencia tan poco significativo? Muchas imágenes provienen de otras localidades. La insistencia en ese dato sugiere que, quizá, cuando se inició la información de “proviene de Burgos”, sí se trataba de una información relevante o incluso épica, aludiendo a algo importante, a un hecho que todo el mundo podía evocar y saber de qué se trataba, simplemente diciendo “proviene de Burgos”; algo que fue importante y que hemos olvidado; como repetir un rito sin entender su motivo que lo generó.

Siguiendo esa idea, decidí bucear un poco en la historia buscando algún dato que pudiera justificar un hecho histórico en Burgos lo suficientemente importante como para darle tanto brillo a la frase “proviene de Burgos”. Quiero insistir en que se trata solo de una hipótesis, pero es plausible i podría justificar la alusión a su procedencia, así como incidir en la importancia simbólica de las imágenes Más allá del culto en el XIII.

Hubo un momento en la historia en el que Tello Téllez viajó a Burgos en un viaje de profunda huella social. Fue, nada menos que la comitiva funeraria de un rey. Sí, el 16 de junio de 1217 murió en Palencia Enrique I, rey de Castilla. Tenía solo doce años y falleció a causa de un accidente. En aquel momento estaba bajo la tutela del noble Álvaro Núñez de Lara. Aunque los Lara quisieron ocultar la muerte del joven rey el mayor tiempo posible, Berenguela fue advertida, convocó Cortes con extrema urgencia y allí se proclamó rey a su hijo Fernando, que reinaría con el nombre de Fernando III. Tello Téllez de Meneses era entonces obispo de Palencia, y el obispo de Burgos era don Mauricio.

Sabemos que, en un momento convulso y de gran tensión política, Berenguela designó a dos obispos para encabezar el cortejo fúnebre que debía llevar al joven rey hasta el monasterio de las Huelgas, en Burgos, para ser enterrado junto a sus padres y hermanos. Uno de ellos fue don Mauricio; el otro bien pudo ser Tello Téllez, obispo de la sede donde el muchacho había fallecido. Ambos iniciaron así un cometido histórico: dirigir el traslado fúnebre de un rey de Castilla desde Palencia hasta Burgos.

Planteemos una hipótesis, aunque solo sea para darnos cuenta de que, buscando, pueden aparecer posibilidades razonables que expliquen las historias que rodean a las imágenes. Imaginemos que, al final de ese triste y sensible encargo, al llegar a Burgos, ambos obispos intercambiaran esas pequeñas imágenes marianas que acostumbraban a llevar consigo en los viajes. Don Mauricio entregaría su imagen a don Tello y este, a su vez, la suya al obispo de Burgos. Al retornar a Palencia, Tello Téllez llevaría consigo una imagen “de Burgos”, y ese detalle, aparentemente menor, podría haber quedado fijado en la tradición como eco de un hecho importante.

Con mucha probabilidad, Tello Téllez llevó la imagen a su villa natal, Meneses de Cerrato, y allí quedó depositada esa pequeña talla, típica de las que se transportaban en los viajes. De ese modo podría haberse conservado la coletilla que hoy parece menor, pero que tal vez remite a aquel episodio significativo: “es de Burgos”.

Y aunque esta historia es solamente una hipótesis, resulta plausible y, además, ayuda a mostrar que muchas coletillas aparentemente menores pueden guardar memoria de hechos históricos relevantes.

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