2. La época anicónica
2.5. La iconoclasia
La iconoclasia fue el rechazo, a menudo violento, a la realización de imágenes
Hay que recordar que el cristianismo había llegado sin dogmas y sin ortodoxia de la cual “estar desviado”. La “ortodoxia” se fue definiendo en distintos concilios y se fueron declarando “anatemas” muchas tendencias existentes <\p>
El Concilio de Nicea fue quien utilizó la expresión “anatema” para aquellos que no se acogieron a lo que se iba estableciendo. Y esta forma de hacer quedó instituida a partir de entonces
Como ya sabemos, el cristianismo inicial era contrario a la representación de la deidad. La idea de que la representación de la deidad era idolatría estaba arraigada en la misma Biblia y costaría mucho revertirla; costaría tiempo y también dolor
Aunque en el siglo VIII el II Concilio de Nicea, en 787, estableció como corpus doctrinal la veneración de imágenes y la justificó argumentando que las imágenes eran “representaciones de sustitución” de realidades trascendentales y que podían y debían ser veneradas —que no adoradas—, la resistencia a su elaboración fue intensa, temprana, larga y violenta. Tan violenta y temprana fue que en el mismo concilio de Nicea donde se aceptó la práctica fue interrumpido por unidades militares de ideología iconoclasta, escandalizadas ante la idea
Y esta resistencia al cambio no fue solamente una reacción del pueblo llano, sino que los intentos de impedir o eliminar la práctica provenían de los mismos cristianos y sus dirigentes. En el siglo VIII, el cristianísimo emperador de Bizancio dictó varios edictos contra la adoración de imágenes y, en el sínodo de Hieria (754), se pedía su total destrucción
Y esta reacción violenta, que como vemos ya se inició en el momento del mismo Imperio, se mantuvo en el tiempo hasta bien entrado el siglo IX, momento en el que se suavizó ya en la Europa occidental
