2. La época anicónica
2.6. La construcción de una idea
La idea de María se desarrolla progresivamente mediante varios momentos clave:. En el ámbito teológico fueron un par: el Concilio de Nicea, que establece la relación entre Padre e Hijo; el Concilio de Éfeso (431), que reconoce a María como Theotokos (“Madre de Dios”); y el Concilio de Nicea del siglo VIII, que legitima la veneración de imágenes religiosas, incluidas las de María. Paralelamente, en Oriente comienza a desarrollarse una verdadera teología mariana y aparecen los primeros iconos de María con el Niño
Pero la expansión de la idea de María no se explica únicamente por decisiones teológicas de la Iglesia, sino también dos factores sociales y culturales importantes.
Por un lado, existía entre la población el deseo de conservar una figura materna protectora, posiblemente heredada de antiguas tradiciones y cultos femeninos y por otra, la conversión de la monarquía visigoda al cristianismo romano, le dio un impulso definitivo. <\p>
En el primer aspecto puede decirse que la Iglesia sabedora de lo arraigada de la idea de la diosa femenina, canalizó esa necesidad hacia María, sustituyendo progresivamente antiguos cultos relacionados con divinidades como Isis o Ceres. En esta transformación fue un “facilitador” importante el hecho de integrar antiguas creencias populares dentro de la nueva idea de “divinidad femenina” cristiana
En el segundo, la conversión de la monarquía visigoda al cristianismo oficial con Recaredo, a finales del siglo VI, hizo que los eruditos dedicaran una especial dedicación a María para hacer visible su adhesión al cristianismo oficial.
En este momento tendremos a Ildefonso de Toledo, cuya obra sobre la virginidad perpetua de María es presentada como un punto de partida de la teología mariana peninsular
Así, durante la época visigoda, María ya se convierte en una figura espiritual muy importante, aunque todavía no existen imágenes marianas. La idea mariana, sustitutiva de la “madre protectora” se encuentra en fase de aceptación espiritual y literario y solo posteriormente pasará al ámbito de la representación escultórica.
Será en el siglo XI, cuando aparezca con fuerza la imaginería mariana en los territorios cristianos del norte. La creación de una identidad común vinculada al pasado visigodo y la consolidación de las monarquías cristianas contribuirán a preparar el terreno para la rápida expansión de las imágenes de María <\p>
Esa evolución, casi de “abajo a arriba” ya que la iglesia comenzó por “aceptar” la necesidad del pueblo de una “madre protectora”, explica el carácter local y profundamente identitario que tendrán las imágenes cuando aparezcan y que todavía se conserva hoy en día: cada pueblo, hoy puede constatarse fácilmente, considera “su imagen mariana” como algo muy propio y particular y podríamos casi decir que “distinta” de la imagen del pueblo de al lado, aunque espiritualmente represente la misma idea.
